LA VOZ SE APAGÓ
Nunca supo quién lo
mató de cuatro balazos en la espalda. John Lennon jamás imaginó que su vida
acabaría una fría noche de invierno a pocos pasos de estar en la seguridad de
su hogar. Qué sentido tendría matar a una persona amada por millones? La fama
sería la respuesta.
La mañana del ocho de
Diciembre, Lennon y Ono tuvieron una sesión fotográfica en su apartamento para
a revista Rolling Stone. La fotógrafa Annie Leibovitz intentó conseguir una
foto del artista sólo en un principio, pero este insistía en que él y su esposa
debían salir juntos en la portada, luego de obtener las imágenes Leibovitz se
retiró.
Después de la sesión
de fotos, daría la que sería su última entrevista al DJ de San Francisco Dave
Sholin, para un programa musical en la RKO Radio Network. Aquel día estuvo
demasiado ocupado como para pensar en la muerte.
Mark Chapman ya tenía
todo planeado aquel día, hace más de 30 años. Inspirado en el libro “El
Guardián Entre el Centeno” y con un fuerte afán de imitar la vida del
protagonista Holden Caulfield. Su obsesión pudo más que su admiración, y fue
así que se decidió por cometer el asesinato más grande en la historia musical.
Esa noche, cerca de
las 11 Chapman esperaba a John en la acera frente al The Dakota. Permaneció ahí
desde las cinco de la tarde, momento en que el cantante y su esposa dejaban el
edificio para asistir a una sesión de grabación en Record Plant Studios y en el
que le pidió que le firmara una copia de su nuevo disco Double Fantasy.
Al momento del arrivo,
tras esperar que Ono entrara primero, esperó tener a Lennon frente suyo y de
espalda para dispararle cinco veces seguidas, fallando la primera, que rozó la
cabeza de este e impactó en la ventana del edificio. Sin embargo, dos tiros
dieron en el lado izquierdo de su espalda y dos penetraron ese hombro.
Después de recibir los
balazos, el tenor se dispuso avanzar hacia el edificio, solo subió cinco
peldaños hacia el área de seguridad, dijo “me dispararon” y se desplomó. Esa
sería su última frase en vida, pues al llegar al Hospital Roosevelt ya no tenía
pulso y no respiraba. A las 11:15 de la noche había fallecido.
El portero Perdomo le
quitó la pistola a Chapman y la pateó lejos de la acera, acto continuo le
reclamó “Te das cuenta de lo que has hecho?” a lo que este respondió con el
mismo desapego de un asesino a sangre fría «Sí, acabo de disparar a John
Lennon». En una entrevista 25 años después de la muerte del beatle afirmó “Nada
me hubiera detenido”.
Dejando una esposa viuda
y a millones de fanáticos destrozados por el fatal desenlace del más grande intérprete,
Chapman vive cumpliendo su condena en la cárcel de máxima seguridad Attica, de
donde no saldrá por mucho, mucho tiempo.
Han pasado casi 32
años y John Lennon aún sigue vivo en sus canciones, que no dejan de transmitir
el mensaje que una vez quiso compartir con el mundo. Hoy, hablar de él es
hablar de una leyenda. Chapman no obtuvo su fama, al contrario, la incrementó.
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